Las consecuencias sociales y emocionales de sufrir transfobia

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El 17 de mayo de 1990, la Asamblea General de la OMS eliminó la homosexualidad de su lista de enfermedades. Fue considerada durante mucho tiempo (y siglos) como una “conducta reprobable” y una enfermedad mental curable. Ya en 1973, la lucha de los colectivos LGTBI+ había logrado que ésta fuera retirada como trastorno del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Transtornos Mentales (DSM).

Tal vez estas fechas suenen lejanas en el tiempo, pero si bien ha supuesto un gran avance para la comunidad LGTBI+, no lo ha sido tanto para las personas trans. La realidad que viven no dista mucho de entonces, dado que aún tienen que lidiar con diagnósticos estigmatizantes a la hora de comenzar la transición hormonal. Cuestionamientos dudosos, trato humillante o tests sexistas, heterocentrados y hasta denigrantes son solo algunos de los requisitos que deben pasar en las diferentes unidades de Identidad de Género de nuestro país y que recoge el documental Testimonios Trans – UIG: Unidad de Identidad de Género del Hospital Clínic de Barcelona creado por la plataforma Trans Forma la Salut.

Discriminación como “forma de vida”

Toda esta patologización la lleva sufriendo el colectivo desde las administraciones públicas y mayoritariamente se origina en su proceso de cambio. Todo ello acarrea una serie de consecuencias en su salud mental y emocional en las que la discriminación, desafortunadamente, son su forma de vida.

Por un lado, conviven con un sufrimiento psíquico que la transfobia de su entorno puede agravar aún más al ser rechazados por el mismo. De igual modo, es frecuente que sean discriminados laboralmente y que les resulte complicado acceder a un empleo en igualdad de condiciones en relación con una persona cisgénero.

Asimismo, otra situación discriminatoria se produce a la hora de alquilar una vivienda por el simple hecho de ser trans al igual que ocurre con una persona gay, lesbiana o bisexual.

También se dan escenarios de transfobia en el ámbito de la salud cuando el personal sanitario no realiza una atención adecuada por falta de preparación y conocimiento ante las particularidades de este colectivo.

Por qué es importante una ley trans estatal

Dentro del propio colectivo trans, las mujeres se llevan la peor parte. En España, más del diez por ciento de ellas se han visto obligadas a dormir en la calle al menos una vez en su vida. Es una realidad que esta parte del colectivo sufre índices elevados de desempleo, sinhogarismo y agresiones físicas y emocionales. Además, aquellas que son expulsadas de sus hogares cuando intentan buscar un empleo son discriminadas de forma sistemática.

A estas circunstancias se une el estigma que supone el impedimento de cambiar los datos de un DNI para firmar un contrato de trabajo o alquiler o para denunciar una agresión mientras hay un diagnóstico de esquizofrenia o de trastorno de la personalidad de por medio. Dicho de otro modo, el sistema actual se enfoca en una evaluación psicosiquiátrica, lo que fomenta patrones estereotipados.

Por todo ello, es primordial atender las peticiones de esta comunidad e implementar una ley trans estatal en la que prime un modelo de despatologización. La salud física y mental y la escucha activa deberán ser la base de ésta, de tal forma que la información de los recursos de los que dispone el área sanitaria estén fácilmente a su alcance y den una respuesta a las necesidades que las personas trans demanden.

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